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martes, 27 de octubre de 2009
Publicado por Abya-Yala

El lugar de la poesía: breve análisis al poema sobre Andrés Castro de Rosario Murillo
Por Carlos Midence
END - 20:44 - 22/10/2009



Andrés Castro, la poeta Rosario Murillo y la poesía misma son ya, capítulos de tiempo, lenguaje y dimensión histórico-poética, para usar la frase de Hayden White, en nuestra historia cultural. Basta la sola mención de sus nombres para encender todo un conjunto de asociaciones en una multiplicidad de canales. Por ello en este breve artículo pretendemos comentar, disertar alrededor de estos tres elementos claves en el devenir histórico-cultural nacional y entresacar el lugar de cada uno, desde un punto de vista holístico, en nuestras notaciones identitarias.

Bien, el 11 de septiembre de este año en la hacienda San Jacinto el comandante Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, recibió la Antorcha Centroamericana de la Paz y la Libertad y, en esa misma actividad la poeta Rosario Murillo dio lectura a un texto cuya estructura, movimiento y armonía quebranta los pliegues del poema tradicional. Hay aquí un algo de Dalton, algo de lo que el argentino Aníbal Ponce llamara La Gramática de los Sentimientos y hay más de toda esa tradición profunda de lo que se denomina la palabra viva-sagrada de la poesía de los pueblos originarios. Esto nos refleja una madurez consumada de la poeta en lo que refiere a la composición y organización del texto, pues el ritmo fluido y complejo a la vez nos permite leer una consumación original de símbolos nacionales y alegorías y metáforas que a la postre vuelven al texto un depósito exquisito de imágenes:
“Andrés, somos la nueva hora de los pueblos, somos el parto doliente del amanecer, somos el alumbramiento que cruje y rompe iluminando los caminos de la conciencia, los caminos trascendentes de la conciencia. Somos, Andrés, caminantes del Porvenir, caminantes del Despertar, del Reencuentro de tod@s con tod@s, y ojalá, ya nunca más, tod@s contra tod@s”.

El poema exalta los valores de los humanos, de los nicaragüenses que sobrepasan las fronteras en cuanto a la concepción de las ideas de la libertad y de la identidad. Además resume el movimiento de avance histórico en materia de identidad social-cultural que se lleva a cabo en nuestro país actualmente, como un parto del cual debe surgir no sólo la palabra, sino la libertad de un nuevo Ser. Ese que se asume libre desde que nace y que se apropia como elemento básico para una vida mejor, la igualdad y la solidaridad. Lo mismo podemos decir del cumplimiento cívico del respeto a los derechos y a la naturaleza, lo que le hace encontrarse a sí mismo y desarrollarse con su propia libertad en sus ideas y en su identidad..

Ahora bien, Murillo además construye una serie de polisémicas imágenes cuya visión no sólo resume a Andrés Castro como el héroe completo y poético envuelto en la dureza de la piedra iniciática, sino que nos arroja una visión del capitalismo en decadencia: “la muerte, anunciada ya, de los Imperios”, dice de forma tajante extractando en este verso y creando un retrato exacto de lo que pudieron decir Hardt y Negri en su ya clásico libro Imperio. Es decir, Murillo con esa metáfora, con esa imagen nos descubre un evento político que deviene social, que deviene depositario de las esperanzas y horizontes de los marginados, los cuales tienen fe en la piedra de Andrés como icono de la lucha emprendida por ellos mismos a través de la Revolución en esta nueva etapa.

Diríamos que este texto nos revela a la poesía como la fundación del ser por la palabra, como el lenguaje prístino de un pueblo histórico. Un pueblo en el que la poeta funge como testigo visionaria, en atención al lugar del trato cotidiano con las cosas, donde acontece el cuidado de lo humano.

Entonces Murillo demuestra que la poesía es el nombrar fundacional del ser y de la esencia de todas las cosas. Además con este texto, así como con su obra en conjunto, renueva el destino de la palabra, diría León Portilla, desde el punto de vista del estilo en nuestro país, además propone nuevos mundos temáticos y enfoques inusuales en el arte de poetizar. También podemos decir que Murillo estructura, con este texto, así como en su obra total, una especie de poesía- piedra o una piedra-poema con una plasticidad sensorial, metafórica, trópica como la piedra que lanzó Andrés, esa que hoy estalla en “el fin de la cultura de los Imperios y, el Renacimiento, el Fénix, de la cultura de los pueblos”.

martes, 13 de octubre de 2009

Revolución y Ciencias Sociales

Publicado por Abya-Yala

Revolución y Ciencias Sociales
Por Carlos Midence

Fue Inmanuel Wallerstein quien dio el primer paso cuando habló de abrir las Ciencias Sociales, aunque lo hizo aún muy apegado a una conceptualización eurocéntrica. Más actual todavía los teóricos latinoamericanos agrupados bajo la nómina de la Escuela decolonial o red modernidad/colonialidad/decolonialidad - a la cual pertenezco- han dado un paso más allá y hablan de indisciplinar las Ciencias Sociales. No obstante, debemos tomar en cuenta que América Latina ya tenía en su haber determinados quiebres epistemológicos en lo que respecta a las ciencias sociales si observamos la Teoría de dependencia, la teología y filosofía de la liberación, al igual que la filosofía intercultural liderada por Raúl Fornet Betancourt, lo mismo que el grupo latinoamericano de estudios subalternos quienes han impreso una curva metodológica-epistémica que ha venido apuntando a liberar del eurocentrismo a las ciencias sociales que se practican en América Latina.

Empero podemos afirmar que de todas estas apuestas es la Escuela decolonial quien ha ganado mayores batallas en lo que implica a desobedecer los postulados epistémicos devenidos desde la llamada cultura clásica/eurocéntrica, pues para nadie es un secreto que la linealidad histórica del pensamiento social se ha inscrito en los manuales de estudio desde Herodoto, Aristóteles atravesando el Renacimiento hasta desembarcar en la Ilustración, las escuela de Milán, Frankfurt, Chicago, de los anales, entre otros. Son los decoloniales quienes han fundamentado que las genealogías debemos buscarla en otros nódulos, en otras fuentes y además han indagado en esos principios: Poma de Ayala, Fanon, Cesaire, Khatibi, Zoritko, Sandino, Nicarao, entre otros. Esto en lo referente al entramado teórico, al andamiaje epistémico, a la estructuración cognoscitiva.

Ahora bien, el análisis o la propuesta del conocimiento social no se agota en los aspectos lógicos, epistemológicos u ontológicos, también es necesario un análisis pragmático (traducción de los conceptos teóricos en conductas) y una reconstrucción pragmático-transcendental: el conocimiento ha de dirigirse a la emancipación, a la liberación del humano, abandonando así una vieja tradición en la que el conocimiento es valorado como un instrumento de control y de dominio.

Es por todo ello que el viernes 18 de septiembre a las cuatro de la tarde en el auditorio 12 de la UNAN-Managua nos convocamos más de 600 profesionales en lo que se denominó el primer Foro de profesionales sandinistas de las Ciencias Sociales en Nicaragua. Tomaron la palabra el rector de la UNAN-Managua, Francisco Guzmán quien brindó unas palabras certeras en torno a ciencia y conciencia, Orlando Núñez Soto, quien presentó los puntos torales del movimiento desde las ópticas de las acciones y objetivos, Freddy Franco, quien disertara sobre Ricardo Morales Avilés, y la especialista en Relaciones Internacionales Milagros Urbina, quien leyera el pronunciamiento del Movimiento.

En el desarrollo del Foro se estableció que la labor de las Ciencias Sociales hoy, en acompañamiento permanente con el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional o bien con esta nueva etapa de Revolución, debe ser conseguir una imagen objetiva del pueblo, de la gente, liberándola de las trampas del modelo extractivista-consumista- heredado y forjar un Ser distinto, solidario, correctamente humano y además encausado en la toma de sus propias decisiones.

En este sentido estamos claros de que la Revolución nicaragüense es una Revolución del saber, del poder y del Ser, pues el saber hoy ha dejado de ser un privilegio, el poder ahora es del pueblo, es ciudadano, se construye una democracia directa, con un presupuesto participativo, por ejemplo y el Ser (el pueblo) hoy más que nunca se encuentra en libertad, justicia social, redistribución y retribución equitativa dentro de una complejidad propia en nuestro país. Esto en referencia a los programas sociales impulsados desde el gobierno los que han obtenido una serie de reconocimientos a nivel internacional y que han elevado la calidad de vida de la gente en lugares que sufrieron la marginación más despiadada durante el neoliberalismo. De ahí la importancia de la lucha ideológica que debe surgir desde los cientistas sociales sandinistas comprometidos. En este sentido debemos no sólo divulgar los logros de la Revolución: erradicación de los apagones, educación y salud gratuita, financiamiento a los productores, calles para el pueblo, sino caminar junto a ellos y emprender nuevas tareas.

Diríamos también que se estableció en el Foro la relación que debe existir entre ciencia, valores y política. Lo mismo cabe decir de la cuidadosa reconstrucción de toda la complejidad encerrada en la articulación entre lo macro y lo micro en el conocimiento de lo social y en la praxis histórico-político de los pueblos.

Así que este movimiento de profesionales sandinistas de las Ciencias Sociales propone difundir y también discutir: ¿cuáles son los desafíos con que se enfrentan los saberes en este nuevo contexto? ¿Cuál es el rol de compromiso de los profesionales de las Ciencias Sociales con la Revolución y dentro de ellos los intelectuales historiadores, sociólogos, economistas, relacionistas internacionales, artistas, abogados, sicólogos, antropólogos, trabajadores sociales, teólogos, entre otros con la actitud de combatir un sistema heredado donde la capacidad hegemónica de las clases dominantes les permite generar y diseminar sentidos e instaurar una dirección intelectual y moral –para usar la expresión gramsciana– que suele penetrar muy profundamente en el imaginario? A esto respondemos que el compromiso es total para lograr una desfetichización del sistema neoliberal y demostrar de que las condiciones de abandono de los desposeídos son causadas por elementos técnicos de des/ajustes en el sistema heredado del neoliberalismo, así como por cuestiones subjetivas que los hace vivir en un plano de condiciones de opresión. De ahí y más allá de estas digresiones, este Movimiento se perfila como una Revolución en las Ciencias Sociales, tanto en su devenir teórico, como el práctico, accional dirigido a reforzar las energías liberadas por esta nuevo momento de la Revolución construida por el FSLN en el siglo XXI y por ello lo celebramos y le damos la bienvenida.

Una lectura otra sobre Augusto C. Sandino
Por Milagros Urbina

Carlos Midence (Managua, 1972) tiene en su haber cinco obras publicadas entre las que sobresalen Sala Chaplin y otros cuentos (2001), Rubén Darío y las nuevas teorías (2002), Una narrativa flotante (trabajo de recopilación, 2007), La Invención de Nicaragua (2008) y la más reciente: Sandino y el Pensamiento otro (Amerrisque, 2009 con colaboración de la agencia suiza para el desarrollo a través del Foro Nicaragüense de Cultura). Midence se ha destacado por pensar asuntos significativos para nuestro devenir identitario, tales como: la invención de la nación, las claves identitarias, el pensamiento alterno, la subalternidad y en el caso de su más reciente obra, mencionada en líneas anteriores y de la cual nos ocuparemos en este espacio, la insubordinación epistémica de nuestros pueblos.

Dividida en tres capítulos: Subalternos insurgentes, en el que aborda de forma teórica y analítica las insurgencia político/epistémicas desde la llegada de los europeos a América Latina. El segundo capítulo El cuerpo de Benjamín, el cuerpo de la nación en el que piensa la corta pero profunda insurgencia de Benjamín Zeledón, y el tercer capítulo en el que reflexiona de forma sagaz en torno al pensamiento otro de Sandino. Midence se vale no sólo de un aparataje teórico de primera mano y de los textos escritos por el mismo Sandino, sino que nos incluye un diagrama en el que nos traza cómo opera la colonialidad y cómo la enfrenta Sandino desde las Segovias y el Caribe nicaragüense.

La propuesta de Midence en Sandino y el Pensamiento otro estriba en re/leer las formas de resistencias de parte de nuestro pueblo a los más de 500 años de imperio, colonialismo o de lo que él llama modernidad/colonialidad/imperialidad en tanto sistema de poder hegemónico impuesto desde los centros –Europa, EU-. Asimismo encontramos re/lecturas que van desde la llegada de los europeos a nuestros territorios, con sus relativos antecedentes. De igual manera re/interpreta una disparidad de voces y narrativas que se van superponiendo y que transitan de lo popular a lo profundo en una especie de articulación de los sentires y pensamientos que hasta antes de la irrupción de Sandino permanecían silenciados, subyugados. No obstante, Midence no coloca a Sandino como una narración totalizante, sino como una voz capaz de fundar y fundir identidades, las cuales desde sus propios espacios se vuelven hábiles para confrontar la hegemonía, sea ésta el imperio o las elites locales, en una especie de acto político y prodigioso de existir o bien diríamos “re/existir”. Esto es válido tanto para los pueblos de la época de Sandino, y hoy más que nunca para América Latina en general.

En este sentido, Midence nos deja entrever que Sandino descoloniza nuestro imaginario, debido a que comprende la crisis de la centralidad imperial primero y luego la local, representada esta última por los partidos tradicionalistas de ese tiempo. Entonces, podemos decir que en esta obra se nos plantea cómo desprendernos del reduccionismo euronorteamericano y de esta forma interpelar al sujeto popular que será, deduce Midence del pensamiento de Sandino, indo-afro-mestizo-rural-campesino-minero para que ocupe sus espacios. Pensemos entonces: el proyecto que deviene de esta lectura no puede encallar ni en particularismos ni en el universalismo imperial –occidentalismo- se trata de construir vías para el “pluriverso radical descolonizador”, como premisa básica del sandinismo y su aporte a la re/configuración del estado-nación excluyente construido por las elites. En este sentido lo pluriversal de Sandino significa reconocimiento y asunción de diferencias para la fecundación e intercomprensión de múltiples mundos. En otras palabras implica un diálogo a varias voces.

Midence nos presenta a un Sandino otro: lo des/lee y re/lee, como ya advertíamos, en comparación a las propuestas tradicionales, como dice el filósofo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, miembro de la red modernidad/colonialidad, en la contraportada de esta obra, y en referencia a nuevas posibilidades de emprenderlo las cuales quedan abiertas, así por ejemplo profundizar en su experiencia mexicana, centroamericana y por extensión latinoamericana. Digo esto porque es claro deducir que los insubordinados epistémicos que Midence aborda en la obra, así como los que reivindica la escuela en la que milita, son la prueba incuestionable que América Latina contiene un fuerte componente epistemológico. No obstante, éstos deben sacudirse el letargo en el que fueron sumidos, específicamente por lo que Michel Foucault llama “tecnologías del olvido”, es decir, que se des/aten del sojuzgamiento.

Valga entonces decir que Sandino y el pensamiento otro piensa a la par del proyecto/programa sandinista la clasificación racial, sobre la base de los procesos de trabajo y la división internacional del mismo. Así Sandino, deducimos de la obra, arremete en contra de las tres facetas de la colonialidad: saber, ser y poder desafiando los efectos perniciosos de las mismas. En este sentido para entender este proceso debemos reconocer que los movimientos de resistencia populares e indígenas en América Latina son proyectos de descolonización intelectual.

Sandino entonces apeló siempre a que sus ideas fueran entendidas en los círculos donde se movía, además que integraba el saber del locus a su propuesta. En este sentido logró:

1) Una revolución teórica
2) Una revolución ética.

Esto a su vez conllevó a una ruptura espacial epistémica, que permite ubicar el lugar de existencia de los sujetos analizados por Midence que giran en torno:
a) Una crítica a la tendencia hegemónica que se ha impuesto para el desarrollo epistémico en América Latina y Nicaragua.

b) Sobre la creencia generalizada e institucionalizada de que los fundamentos del saber están en la tradición europea.

Por otro lado nos da a conocer los discursos y prácticas en sus distintas variantes utilizadas por Sandino y que se constituyen en poderosas fuentes de producción de significados en lo que implica a su proyecto/programa, el cual bien sabemos fue capaz de trastocar el orden simbólico movilizando a los sujetos hacia una transformación de la realidad histórica en nuestro país, lo que desembocara en la Revolución Popular Sandinista de 1979 y luego en el triunfo de las elecciones 2006, solidificado en la arrolladora victoria de las elecciones municipales del 2008, triunfos liderados por el FSLN, herederos directos del pensamiento otro de Sandino que entrevé Midence en esta obra.

domingo, 4 de octubre de 2009

Una ruptura epistemológica

Publicado por Abya-Yala

Una ruptura epistemológica


Sandino y el pensamiento otro:






Iván Uriarte :

Con La invención de Nicaragua (Editorial Amerrisque, 2008) Carlos Midence inició un desmontaje y desenmascaramiento de la historiografía nacional. Así, pues, en ese primer texto están ya los planteamientos básicos que se acentúan y esclarecen en su más reciente obra: Sandino y el pensamiento otro (Editorial Amerrisque, 2009), de la cual pretendemos ocuparnos en este trabajo. En aquel inicial desmontaje no se trataba solamente de una nueva lectura de la historia oficial en sus diversos momentos canónicos, sino más bien de una reconstitución de la discontinuidad de lo que se ha dado por obvio o deja vu (la construcción de la identidad llevada a cabo por los grupos letrados).

Hay, entonces, que reconstituir los encadenamientos, llenar los baches, los huecos monstruosos de una historia que ha justificado la conquista inicial de los españoles, su colonización y pillaje con la narrativa de un mestizaje que nunca se llevó a cabo sino por medio de la violencia y el desprecio étnico de nuestros aborígenes. Pero la lucha, las rebeliones, la insurgencia en contra de los españoles y demás epígonos en diversos momentos de nuestra historia no ha cesado. Pero para advertirlo hay que volver a los documentos apartados u obviados, hay que leer lo que ha quedado desvanecido detrás de ellos. De la reconstitución de estos vacíos, del reescudriñamiento de documentos es que parte el trabajo de Midence.

Las grandes series históricas deben ser leídas de otra manera, sugería Midence en La invención de Nicaragua, y así la independencia de Centroamérica fue llevada a cabo por la élite letrada que asume la representación del subalterno, de las clases otras, los marginados: negros, indios, mestizos. Y es en esa época, precisa Midence, que comienza a forjarse el imaginario nacional de Nicaragua con su cuerpo de letrados que coadyuvarán a inventar o fundar la nación nicaragüense. Para ella será necesario instrumentalizar la lengua, crear una cultura, una literatura, una gramática, no siempre asumida por los sujetos políticos sino más bien por los intelectuales, poetas, profesionales, periodistas, historiadores. Se conservan los valores esenciales de la colonia y “entonces la poesía de la época funge como epifanía sociopolítica”. Alrededor de la hegemonía cultural de Granada y León -señala Midence- se consolida la unificación del poder central en una sola ciudad y en una sola facción política. “En este proyecto fundacional llevado a cabo por los letrados, el indígena, las clases pobres o populacho, quedan excluidos”. Así, la invención de Nación, es la del desarraigado, del criollo que no siente que tenga algo que lo ligue con las comunidades autóctonas.

“La colonialidad -señalaba Walter Mignolo en su prólogo a La invención de Nicaragua- es el lado oscuro de la modernidad”; afirmación que ha funcionado como dispositivo genotextual para desenguaracar el verdadero y hasta ahora no auscultado pensamiento de Sandino. Es, pues, desde la óptica de la modernidad-decolonialidad que Carlos Midence deslee la historia canónica de Nicaragua y da cuenta de las rupturas que han sido tergiversadas por ideologemas partidarios neocolonialistas, desde los cuales ha sido escrita.

La escuela de la decolonialidad nace y se produce como tentativa de repensar la historia de Indoamérica (término acuñado por el propio Sandino y que prefiero al de Latinoamérica), Africa, India, Australia, desde sus propios márgenes, y utilizando como herramientas sus propios saberes ancestrales. Sandino y el pensamiento otro, como podemos suponer ya, no se inscribe dentro del cúmulo bibliográfico descriptivo de la vida y gesta del héroe de Las Segovias. Tampoco trata de exaltar la figura de éste valiéndose del mero artificio retórico. Recordemos que el pensamiento y la figura gestora de Sandino han sido ubicados frecuentemente dentro de un contexto histórico vinculado con la revolución mexicana y el anarco-sindicalismo de ese mismo país, así como también con un primario socialismo que tendría sus raíces y proyección en el pensamiento de Carlos Marx y la revolución bolchevique. Para Midence el pensamiento de Sandino es absolutamente original, y esta originalidad reside en su independencia del eurocentrismo, de cualquier cuño que fuere, así como también del colonialismo norteamericano, nocividad constante para nuestro desarrollo. Y es por ello que la propuesta libertaria del héroe de las Segovias es también “una intervención epistémica que zanjaría las relaciones coloniales, colonialistas e imperiales”. Sandino, además, funda y crea una cultura, que llega a constituir lo que Midence precisa como el “giro decolonial”.

Así, pues, el Sandino que para la mayor parte de autores es sólo el fundador de una estrategia insurgente de guerra de guerrillas, para Carlos Midence no sólo “enuncia una forma de protesta”, sino que más bien desencadena un proceso sociocultural y sociopolítico “que reinterpreta, reapropia y subvierte las ideas, conocimientos y prácticas devenidas desde las fundaciones de las llamadas repúblicas independientes en Centroamérica”. Además, los textos y manifiestos de Sandino se nutrieron de las costumbres, habla y tradición de los marginados, creando una “cartografía de pensamiento que va desde los pueblos originarios en la costa Caribe nicaragüense hasta lecturas disímiles como Gandhi y Joaquín Trincado”, así como saberes populares de la zona norte de Nicaragua (toda la zona de Jinotega, Las Segovias)”. Sandino, continúa Midence, “crea un lenguaje nuevo, con vocación trascendentalista y giro muy propio” para oponerlo al pensamiento eurocéntrico y a lo que Midence llama –en la terminología de la escuela decolonial- “las grandes narraciones epistemológicas-políticas que circulaban en la época”, es decir las concepciones, ideas y modos de pensar y actuar del colonialismo.

¿Qué se propone Midence? Demostrar que Sandino constituye un corte epistemológico, la gran ruptura con el logos ontometafísico europeo y la linealidad del discurso de la “modernidad-colonialidad como sistemas de dominación”. Sandino no es sólo el creador de un modo de lucha, catalizadora de la insurgencia constante que desde la llegada de los españoles a nuestras tierras se ha producido en nuestro país, sino que crea a su vez desde su praxis guerrillera y discursiva el primer brote de pensamiento anticolonialista original en Nuestra América y en los países hermanos víctimas de lo que Midence enfatiza como Colonialidad/imperialidad.

Sandino y el pensamiento otro es un texto que no repite nada de lo que hasta ahora se ha dicho sobre el héroe de las Segovias. Midence ha escudriñado la copiosa bibliografía existente sobre el tema, pero su lectura obvia caer en la trampa positivista reconstructora de datos. Estructura su libro a partir de citas esenciales, las cuales, en grandes términos, se centran sobre autores claves de la escuela decolonial (Walter Mignolo, Enrique Dussel, Aníbal Quijano, Santiago Castro Gómez, Ramón Grosfoguel), cuya visión coincide y coadyuva a mejor interpretar la decolonización emprendida por Sandino. Lo que más interesa a Midence, desplegando todo el aparataje y léxico de la escuela de la decolonialidad, es demostrar que la figura de Sandino surge como una consecuencia dialéctica del ascenso de la cadena de insurgencias acaecidas en Nicaragua, “desde el arribo de los europeos hasta llegar a la emblemática rebelión de los indígenas de Matagalpa en l88l”.

De eso trata la primera parte del texto, compuesto de tres con su conclusión respectiva. La segunda parte, breve pero intensa, funciona como una bisagra histórica: interpreta el pensamiento insurgente de Benjamín Zeledón, pero al referirse a la exhibición de su cuerpo contemplado por Sandino adolescente, este cuerpo se ransforma en el cuerpo de la Nación, de la Nación insurgente, desde luego. Un verdadero hallazgo metafórico-conceptual que Midence precisa como “la restitución del cuerpo de los sometidos”, surgido en ese momento de contemplación. De esa contemplación emerge Benjamín de forma triunfante, provocando “una de las insurgencias armadas y epistémicas más sintomáticas de nuestro continente”.

En su tercera y última parte del libro Midence enfoca a fondo el pensamiento de Sandino y su proyección mediática en Indoamérica y el mundo, a través de sus manifiestos, cartas y arengas, que fueron “un desafío para el avance expansionista del sistema-mundo impulsado primero por Europa, a través de la colonización y luego por medio del imperio inglés y francés”. Sandino levanta un dique contra la geofagia colonialista norteamericana, cuyo estandarte es “nacionalismo, reforma agraria, nacionalización de recursos, ampliación de mercados, creación de escuelas, proyectos de salud”.

La gesta y pensamiento de Sandino desbordaron, continúa Midence, el utopismo en el cual han querido encasillarlo algunos autores nicaragüenses, utopismo que propuso una reforma social sin revolución.. El proyecto de Sandino propone, más que cambios, verdaderas rupturas epistémicas, subvirtiendo “el sentido jerárquico de los campos de producción de conocimiento moderno/decoloniales/imperiales, y plantea una defensa de la naturaleza, del hábitat, de las intersubjetividades nacionales/populares”.

Este texto de Carlos Midence, más que inscribirse en la establecida bibliografía sobre Sandino, arremete contra ella, es decir contra la rígida reconstrucción cronológica de hechos, y centra su tesis en demostrar que la originalidad del pensamiento del héroe de las Segovias es asumido de manera propia, precisamente al hacer suyo “el pensar con el otro y no pensar por el otro”. Esta asunción del pensamiento otro (de las etnias marginadas, de los oprimidos, de los condenados de la tierra en su patria) constituye el verdadero “giro decolonial” subyacente en todos los textos, cartas y proclamas, que hasta ahora no había sido ni siquiera vislumbrado, y que Midence nos descubre paso a paso, uniendo todos los cabos sueltos de una historia hasta ahora no leída, sino más bien obviada y acomodada a los intereses clasistas de nuestros historiadores oficiales.

Sin lugar a dudas, Sandino y el pensamiento otro es un libro cuya lectura será indigesta para muchos de los lectores acostumbrados a lo meramente anecdótico de la historia, o a la linealidad ensayística de nuestra usual retórica. Midence se revela contra la prosa ensayística tradicional, y así, tanto La invención de Nicaragua como este libro sobre Sandino imponen una disciplina de lectura epistemológica, donde la historia debe ser reconstruida por el lector desde “la gramática central de las insurgencias” o desde “el cuestionamiento del logos colonial-moderno que se funda en dos sistemas de pertenencia jerarquizada”: el sistema de desigualdad y el sistema de exclusión.

Se trata, hay que decirlo, de un texto reiterativo aparentemente, pero en cuyas reiteraciones el autor agrega siempre algo nuevo. La originalidad de Sandino está vista y abordada desde todos los ángulos posibles (sociológico, epistémico, histórico, geográfico, esotérico) y ello demuestra la consistencia del pensamiento de aquel, así como la vigencia de su praxis y de su pensamiento decolonizador, modelador de otra concepción de la historia, que es a la que Midence trata, insistentemente, de aproximarnos con todos los fierros y arreos de la escuela de la decolonialidad.