El lugar de la poesía: breve análisis al poema sobre Andrés Castro de Rosario Murillo
Por Carlos Midence
END - 20:44 - 22/10/2009
Andrés Castro, la poeta Rosario Murillo y la poesía misma son ya, capítulos de tiempo, lenguaje y dimensión histórico-poética, para usar la frase de Hayden White, en nuestra historia cultural. Basta la sola mención de sus nombres para encender todo un conjunto de asociaciones en una multiplicidad de canales. Por ello en este breve artículo pretendemos comentar, disertar alrededor de estos tres elementos claves en el devenir histórico-cultural nacional y entresacar el lugar de cada uno, desde un punto de vista holístico, en nuestras notaciones identitarias.
Bien, el 11 de septiembre de este año en la hacienda San Jacinto el comandante Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, recibió la Antorcha Centroamericana de la Paz y la Libertad y, en esa misma actividad la poeta Rosario Murillo dio lectura a un texto cuya estructura, movimiento y armonía quebranta los pliegues del poema tradicional. Hay aquí un algo de Dalton, algo de lo que el argentino Aníbal Ponce llamara La Gramática de los Sentimientos y hay más de toda esa tradición profunda de lo que se denomina la palabra viva-sagrada de la poesía de los pueblos originarios. Esto nos refleja una madurez consumada de la poeta en lo que refiere a la composición y organización del texto, pues el ritmo fluido y complejo a la vez nos permite leer una consumación original de símbolos nacionales y alegorías y metáforas que a la postre vuelven al texto un depósito exquisito de imágenes:
“Andrés, somos la nueva hora de los pueblos, somos el parto doliente del amanecer, somos el alumbramiento que cruje y rompe iluminando los caminos de la conciencia, los caminos trascendentes de la conciencia. Somos, Andrés, caminantes del Porvenir, caminantes del Despertar, del Reencuentro de tod@s con tod@s, y ojalá, ya nunca más, tod@s contra tod@s”.
El poema exalta los valores de los humanos, de los nicaragüenses que sobrepasan las fronteras en cuanto a la concepción de las ideas de la libertad y de la identidad. Además resume el movimiento de avance histórico en materia de identidad social-cultural que se lleva a cabo en nuestro país actualmente, como un parto del cual debe surgir no sólo la palabra, sino la libertad de un nuevo Ser. Ese que se asume libre desde que nace y que se apropia como elemento básico para una vida mejor, la igualdad y la solidaridad. Lo mismo podemos decir del cumplimiento cívico del respeto a los derechos y a la naturaleza, lo que le hace encontrarse a sí mismo y desarrollarse con su propia libertad en sus ideas y en su identidad..
Ahora bien, Murillo además construye una serie de polisémicas imágenes cuya visión no sólo resume a Andrés Castro como el héroe completo y poético envuelto en la dureza de la piedra iniciática, sino que nos arroja una visión del capitalismo en decadencia: “la muerte, anunciada ya, de los Imperios”, dice de forma tajante extractando en este verso y creando un retrato exacto de lo que pudieron decir Hardt y Negri en su ya clásico libro Imperio. Es decir, Murillo con esa metáfora, con esa imagen nos descubre un evento político que deviene social, que deviene depositario de las esperanzas y horizontes de los marginados, los cuales tienen fe en la piedra de Andrés como icono de la lucha emprendida por ellos mismos a través de la Revolución en esta nueva etapa.
Diríamos que este texto nos revela a la poesía como la fundación del ser por la palabra, como el lenguaje prístino de un pueblo histórico. Un pueblo en el que la poeta funge como testigo visionaria, en atención al lugar del trato cotidiano con las cosas, donde acontece el cuidado de lo humano.
Entonces Murillo demuestra que la poesía es el nombrar fundacional del ser y de la esencia de todas las cosas. Además con este texto, así como con su obra en conjunto, renueva el destino de la palabra, diría León Portilla, desde el punto de vista del estilo en nuestro país, además propone nuevos mundos temáticos y enfoques inusuales en el arte de poetizar. También podemos decir que Murillo estructura, con este texto, así como en su obra total, una especie de poesía- piedra o una piedra-poema con una plasticidad sensorial, metafórica, trópica como la piedra que lanzó Andrés, esa que hoy estalla en “el fin de la cultura de los Imperios y, el Renacimiento, el Fénix, de la cultura de los pueblos”.

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